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18 de agosto de 2015
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Tianjin vs Seveso. Censura frente a transparencia

China se enfrenta a uno de los peores accidentes industriales de la historia. Lo ocurrido en la localidad costera de Tianjin se ha convertido en el siniestro químico más relevante desde la irrupción de las redes sociales, con todo lo que esto supuso en el cambio del paradigma comunicativo en el que se gestionan las crisis. Si el accidente de Seveso marcó un antes y un después en las políticas de gestión del riesgo en la industria Europea, Tanjin tiene pinta de suponer nuevos cambios. De momento sirve para poner de manifiesto la abismal diferencia en el abordaje de la política de comunicación de emergencias. Frente a la nueva Directiva Seveso III que obliga a transparentar toda la información sobre la industria en formato digital. Las autoridades chinas se empecinan en enfrentarse a Internet a golpe de mordaza informativa.

Cuatro días tardó el primer ministro chino, Li Keqiang, en acudir a la zona del desastre. Allí rindió homenaje a las víctimas del siniestro y subrayó la necesidad de “información transparente y puntual”, según la agencia oficial de noticias china. La misma agencia que ha sido señalada por las autoridades como la única fuente solvente para los medios de comunicación. Durante esas cuatro jornadas, y desde el primer momento, la información en las redes sociales ha ido marcando los tiempos. En ese periodo las autoridades chinas han estado especialmente preocupadas en luchar contra los rumores que inundaban las redes. Sin embargo, a diferencia de lo que estamos acostumbrados por estos lares, no lo han hecho aportando ágilmente información solvente y contrastada.

Ese vacío de noticias solventes propiciaba que el mayor caudal informativo fluyera a través de las redes sociales que, con el hashtag #TianjinBlast, iban actualizando en Weibo (la red china de microblogging) y Twitter las cifras de muertos y heridos. Ambas servían las primeras fotos y vídeos y de nuevo YouTube ha sido esencial para esto. La diferencia entre Weibo y Twitter es que en la primera las autoridades chinas han censurado cientos de cuentas que, en su opinión, generaban rumores y alarma social.

Dos días después de comenzar todo, el cómo y el porqué de la explosión era aún una incógnita. Incluso se desconocían públicamente cuáles eran todas las sustancias implicadas y las cantidades almacenadas de las mismas. Las imágenes de la devastación que golpeaban en la opinión pública china y mundial acrecentaban el debate en redes y la indignación de los familiares de las víctimas, muchos de ellos jóvenes bomberos de empresa con muy baja cualificación.

Pero esta no era la única incógnita. De haber un error sin duda grave en la gestión informativa, este es no aportar información sobre la composición y peligrosidad de la nube tóxica existente en la zona. En este sentido, las autoridades chinas optaron por proceder a las evacuaciones masivas en un radio de 5 kilómetros mientras las redes sociales y medios de comunicación de todo el mundo especulaban sobre la toxicidad de la emisión y los nuevos riesgos de explosiones si se producían lluvias en la zona.

Frente a esta política de censura y silencio. La normativa europea en materia de seguridad industrial es diametralmente opuesta en materia informativa. La directiva Seveso III, que entró en vigor en junio, obliga a hacer accesible, en formato digital, los productos y cantidades de sustancias peligrosas que produce o almacena una instalación afectada. En España son las administraciones regionales las encargadas de publicar esos datos. Durante el próximo año deberán hacerlo si no queremos ver como Bruselas reprende al estado español.

No sólo eso. Las comunidades autónomas se van a ver obligadas a hacer campañas informativas en el entorno de las industrias Seveso. Afortunadamente, los servicios de información de emergencia de las comunidades autónomas están habituados a gestionar de forma ágil y transparente estas informaciones. Además, cuentan con community managers que, habitualmente, ofrecen información sobre siniestros en las redes sociales. Y no sólo eso, España cuenta con la red VOST de voluntarios digitales en emergencia más potente del mundo junto a la norteamericana. Profesionales de la emergencia que dedican su tiempo libre a la detección y neutralización de bulos y rumores en coordinación con las autoridades de protección civil.

Esta realidad supone una clara ventaja democrática a la hora de enfrentarse a la alarma social que se puede generar en la gestión de un gran accidente industrial por informaciones falsas en la red. La estructura de respuesta organizada supone un claro ejemplo de cómo nos hemos adaptado al reto de cambio que supone gestionar las crisis en un entorno comunicativo digitalizado. Un esfuerzo de transparencia que no es sólo una obligación democrática, es un ejemplo de aplicación del sentido común en la gestión de emergencias.

Un ejemplo de cómo, desde la transparencia, la solvencia, y la agilidad es más eficaz la lucha contra la incertidumbre y el pánico.

Luis Serrano

Acerca de Luis Serrano

Luis es Director del Área de Comunicación de Crisis. Durante 17 años ha sido Jefe de Prensa del Centro de Emergencias 112 de la Comunidad de Madrid, donde ha participado activamente en el manejo de situaciones tan relevantes como el atentado del 11M de Madrid, siniestros industriales, accidentes, crisis sanitarias, etc. Fruto de sus experiencias es el libro 11 M y otras catástrofes. La gestión de la comunicación en emergencias, del que es autor. Luis es Licenciado en Periodismo y posee una dilatada experiencia docente en el campo de la emergencia y la gestión de crisis. Es profesor del Máster de Emergencias del CEU San Pablo, y colaborador de la Escuela Nacional de Protección Civil, Comunidad de Madrid, EIMFOR, así como del Máster de Comunicación Política Universidad Camilo José Cela. Como periodista, trabajó durante siete años en los servicios informativos de Onda Cero. En el año 2012 lanzó su segundo libro Información de emergencias 2.0.
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