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01 de octubre de 2012
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Cómo las empresas gestionan su influencia

Durante el I Foro Empresarial de Gestión de la Influencia (dirigido por Joan Navarro –Vicepresidente y Director Senior de Asuntos Públicos de LLORENTE & CUENCA– y por José Ramón Pin, titular de la Cátedra José Felipe Bertrán de Gobierno y Liderazgo en la Administración Pública del IESE) hubo espacio para hablar y debatir sobre el presente y futuro de la relación entre empresas y poderes públicos. En el fondo del debate renació la necesidad de una mejor regulación que permita que esa relación inapelable y necesaria entre empresas y poderes públicos se lleve a cabo dentro de los cauces de la transparencia, la profesionalidad y, en mayor parte, el sentido común.

El foro contó, entre otros especialistas, con Wright H. Andrews, ex presidente de la Liga Americana de Lobistas; Carlo Casini, europarlamentario del PP Europeo y Portavoz del registro común de lobistas de la Unión Europea; Jordi García Tabernero, Director Corporativo de Comunicación y Relaciones Institucionales de Gas Natural Fenosa; Horacio González, Director General de la Federación Española de Industria de la Alimentación y Bebidas (FIAB); o Jordi Sevilla, ex ministro de Administraciones Públicas.

En el sentir tanto de Carlo Casini como de Jordi Sevilla, representantes del lado más político del Foro, estaba el reconocimiento a la función social de los grupos interés que con su visión sectorial del impacto de las regulaciones y de la política aportan al político-decisor “información de experto y pluralidad”.

José Ramón Pin

El profesor José Ramón Pin abrió las jornadas e insistió a lo largo de su intervención en “la importancia de tener en cuenta a la otra parte” a la hora de hacer labores de influencia con los poderes públicos. De ahí que dedicara buena parte de su intervención a las razones por las cuales “las empresas están mal preparadas en su relación con el sector público”. Entre ellas, citó que:

  • Existen muchos prejuicios sobre el sector público (algo en lo que Jordi Sevilla insistiría después).
  • No existen relaciones permanentes con los Gobiernos o los grupos sociales. “Es muy bueno atender a los cesados”.
  • La dimensión gubernamental (y parlamentaria) no está integrada en la estrategia de la compañía.
  • La defensa franca y vigorosa de los intereses de la empresa les hace sentir incómodos o un poco culpables. Lo que conducía al Profesor Pin a la necesidad de desmontar tres mitos porque:
    • El lobby que hace una empresa es democrático (igual que el de un sindicato o una ONG).
    • El lobby y los asuntos públicos no solo están reservados a los poderosos.
    • No es un proceso tenebroso; no se realiza en la sombra.
  • Muy pocas personas de negocio conocen y comprenden de verdad el funcionamiento de los Gobiernos.

Para terminar, el profesor Pin hizo mención al papel de la “oposición no formal”; aquella capaz de dinamizar y socializar una determinada posición y crear una presión más fuerte y “simpática”.

Mesa de lobby internacional

En la mesa sobre lobby internacional se combinaron dos visiones, la americana de la mano de Wright Andrews, y la comunitaria, de la mano de Carlo Casini.

El expresidente de la Liga Americana de Lobistas, Wrigth Andrews, centró gran parte de intervención en el lobby federal, centrado en Washington. Andrews, con más de 30 años de experiencia a sus espaldas, fundamenta su labor en el principio básico de que “las decisiones informadas requieren de información”. De ahí su recomendación de que las empresas y organizaciones participen de forma activa y permanentemente de la actividad del parlamento porque “las decisiones se tomarán con o sin ti”.

En distintas ocasiones, a lo largo de los dos días de encuentro, se tuvo en cuenta la imagen viciada que sobre el lobby existe en gran parte de la opinión pública. Para los presentes en el foro, la razón última de este sentimiento reside en la escasa información que sobre la labor del lobby y los asuntos públicos tienen los ciudadanos y en experiencias muy negativas que han estado protagonizadas por empresas y personas con escaso respeto por las instituciones y la democracia, que han afeado a toda una profesión. Esto también en EE.UU. Sin embargo, como afirmaba Wright Andrews, el sector público muestra una comprensión y apreciación mucho mayor hacia esta actividad. Los políticos requieren explícitamente esta actividad para llevar a cabo una mejor y más responsable toma de decisión. Algo que también reconoció el eurodiputado Carlo Casini.

Andrews también aprovechó la ocasión para señalar que no todo el mundo que debería estar representado en el Congreso lo está; hay muchas causas que carecen de representación y se debe, en gran parte, a ese “prejuicio hacia lo público” que reside en buena parte de la sociedad civil organizada, y del que ya había hablado José Ramón Pin.

Para Andrews, las dos principales diferencias entre el lobby americano y el español residirían en el papel de los diputados como tomadores de decisiones. En EEUU la capacidad de influencia y decisión de un congresista es muy superior al caso español; nuestro sistema es más de partitocracia. Y, en segundo término, el papel de las contribuciones a las campañas de los candidatos. Algo que en EE.UU es, en ocasiones, determinante de la futura capacidad de influencia de una empresa y que en nuestro sistema carece de encaje.

Casini quiso extenderse sobre el papel de los grupos de interés en las instituciones europeas. Según el europarlamentario, “la Unión Europea ve a los grupos de interés con prudencia (por el interés que representan) y con respeto (por la utilidad de su función)”. La complejidad de una Unión de 27 estados con lenguas distintas, culturas y sistemas también diferentes, coloca a los grupos de interés en un lugar destacado a la hora de “traducir” a los parlamentarios el impacto de las regulaciones y las alternativas. “El lobby más importante es el de la información”, dijo.

Eso, entre otros, condujo a que la Unión Europea quisiera dar un paso al frente para mejorar la regulación de esa relación entre dos partes que se necesitan y que se deben respeto, transparencia y ética. Ese fue el origen del actual Registro de Transparencia, en el que son inscritos aquellos grupos de interés con actividad en el Parlamento y en la Comisión Europea.

Mesa lobby en España

La mesa centrada en el lobby en España tuvo como protagonistas a Jordi García Tabernero (Gas Natural Fenosa) y Horacio González Alemán (FIAB) y contó con la moderación de Antoni Gutiérrez-Rubí.

Ambos mostraron las peculiaridades de los sectores en los que operan, en los que la hiperregulación está muy presente y todo su actividad es el resultado de una “negociación” que exige una actitud de win-win-win con los poderes públicos, en el que uno de los actores destacados es el interés general encarnado en ciudadano.

La necesidad de convertir en asunto público (interés general) los asuntos particulares de las empresas y la tendente “complejización de los problemas” convierten en nuclear la labor del responsable de asuntos públicos.

Ambos coincidieron en el peso creciente de las acciones conjuntas y la gestión de alianzas. González hizo hincapié en aspectos clave como la credibilidad, el networking, la tenacidad o llegar a tiempo, para tener una oportunidad verdadera de influencia mantenida en el tiempo.

Para García Tabernero es importante que las empresas “no tengan complejos al hacer su labor de representación de intereses, sean transparentes y respeten los procesos” porque, como concluía González Alemán, “los ausentes nunca tienen razón”.

Jordi Sevilla – Regulación y Transparencia

Jordi Sevilla dedicó su intervención a hacer un repaso por las anécdotas que su paso por el Congreso de los Diputados y por el Gobierno, como ministro de Administraciones Públicas, trajo en forma de “enseñanzas” que conviene tener en cuenta. Aunque es partidario de una mejor regulación del sector reconoció que existen zonas grises a las que no se puede llegar. Puso como ejemplo el de los regalos a políticos, porque con o sin regulación, “el problema no son los regalos que te envían al despacho sino los que envían a casa”. “Tenemos que ser conscientes de que estamos en una materia en la que la ética, reglas de juego, nivel de tolerancia de una sociedad, es muy importante y por tanto está bien actuar sobre las normas, controles, luces, transparencia pero no creamos que con eso hemos resuelto el problema. Siempre habrá zona de indefinición”, concluyó al respecto.

Para Sevilla la representación de intereses es legítima y el que exista una “contradicción legítima de intereses” ante un determinado asunto, más. Pero, al final, “hay que tomar una decisión” y el decisor no puede dar la espalda a ese juego de intereses encontrados. Como afirmó en tono jocoso, “el mejor acuerdo es el que no contenta a todas las partes”.

El papel del networking y de los “amigos” en política estuvo también muy presente en la intervención del ex ministro. “Cuando [como ministro] tienes que tomar decisiones sobre un asunto, no es verdad que tengas amigos en el sector”. “La confusión entre la persona y el cargo se da mucho, explicó. Pero es bueno saber que no te invitan a ti, invitan al cargo”.

Por último hizo mención a uno de las excusas clásicos entre los altos cargos de los ministerios: Los funcionarios no me dejan. A este respecto, Jordi Sevilla señalaba que “es verdad que se suele decir y, a veces, es una excusa; se utiliza también a Hacienda y a Bruselas para ello…

El foro concluyó con un análisis de la Ley Sinde como estudio de caso.

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